Rodrigo Sepúlveda: “No creo que exista un boom del cine chileno”

Publicado Enero 3, 2007
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familia-padre-nuestro.jpgPadre Nuestro, la segunda pelí­cula de Rodrigo Sepúlveda, estrenada el 5 de octubre entra con pie firme a las salas del paí­s. Después de la adaptación cinematográfica del cuento “Un Ladrón y su mujer” vuelve con una entrega más personal, ya que la historia se basa en vivencias familiares del director, hecho que no sólo lo embarcó en una nueva producción sino que también en un largo e intenso proceso de introspección.Más...

Por Sofí­a Hasbún

Rodrigo Sepúlveda (1959) ingresó a estudiar literatura en la Universidad de Chile pero siempre pensando en el cine. Por eso decidió partir en busca de su destino y entró a trabajar en cine publicitario en Filmocentro, para ese entonces le tocó grabar y además aparecer en el Spot del NO. Su currí­culo siguió creciendo cuando se desempeñó como asistente de Ricardo Larraí­n y colaboró en un par de producciones de la compañí­a de teatro Ictus, para finalmente saltar a la televisión en la dirección de actores.Hoy su mayor preocupación es contar historias í­ntimas, verdaderas, que tengan excelentes actuaciones. Así­ en Padre Nuestro reunió a un elenco de primera lí­nea: Jaime Vadell, quien por esta actuación ganó el premio al mejor actor en el Festival de Valdivia; Cecilia Roth, Amparo Noguera, Luis Gnecco, Francisco Perez-Bannen, Coca Guazini entre otros. Actualmente, su tiempo lo mantiene ocupado en la post producción de un telefilm sobre Diego Portales para canal 13 y en la dirección del sitcom Los Sasa, comedia derivada de la teleserie “Brujas”.

¿Cómo fue grabar una historia tan personal? ¿qué significó para ti?

Cuando dirijo a los actores trabajo mucho con mi historia personal, desde lo que siento y lo que me pasa, pero trabajar con una historia familiar propia fue más difí­cil. Al principio, comencé a escribir el guión con bastante liviandad, era una comedia de mi familia muy graciosa. Pero de repente empecé a no quedar conforme con el resultado y me di cuenta que esa disconformidad era porque debí­a profundizar y eso me daba pánico. Ahí­ entré de verdad en el tema de lo que era la muerte de mi papá, de ver lo que yo sentí­a, lo que me habí­a dejado o no y de tratar de entender de cómo éramos nosotros como familia. Con todo esto comencé un proceso de dolor pero también de alegrí­a muy grande. Ese fue el momento de la escritura del guión, que además es un momento bien solitario. Después una vez que armé el casting y aparecieron los actores, ellos llenaron la historia con sus vivencias, sus experiencias y su humor, al principio eso me costó porque sentí­ que me quitaban la historia pero luego se los agradecí­ enormemente.

¿Por qué sentiste necesario incluir en el casting a una actriz extranjera?

En la historia está la madre, el padre y los tres hijos, el mayor de ellos tiene una mujer que es super activa en la historia y es la persona externa a la familia. Entonces que fuera ajena a la familia y además extranjera apoyaba mucho más la idea del personaje. Ella en la pelí­cula tienen la misión de decir “me carga como en esta familia todos se hacen los lesos”, esa frase dicha en argentino es doblemente más fuerte.

¿Cuál es el estilo de cine que te interesa seguir desarrollando?

Me interesa contar pelí­culas que tengan mucha verdad, en las que el público vea grandes actuaciones e historias personales, porque siento que cuando hay verdad e introspección se produce la universalidad en las cintas. Quiero dirigir muy bien a los actores para poder contar historias í­ntimas e universales. Me cuesta mucho imaginarme haciendo un Western; creo que si lo hiciera terminarí­a incluyendo un gran plano secuencia de 9 minutos donde contarí­a la vida del cowboy.
Siendo tan importante el trabajo con los actores, ¿cómo fue la preparación y los ensayos previos a la filmación de Padre Nuestro?Desde siempre supe que esta pelí­cula necesitaba muy buena actuación por eso les propuse trabajar con el método de Mike Leigh (1943, Inglaterra) es decir, ensayar y reunirnos periódicamente durante 4 meses en mi casa. Habí­a dí­as en que sólo hací­amos lecturas de guión y otras hablábamos de los temas que cruzan más fuerte la pelí­cula: la muerte, el padre, ser hijo y también conocernos mucho entre nosotros, porque lo que yo querí­a era constituir una familia que cuando se viera en la pantalla se sintiera como una familia de verdad. Entonces fue un perí­odo muy largo, de mucho trabajo en el cual de algún modo, yo iba contando mi experiencia, mi vida y mi mirada pero también ellos iban aportando con las suyas.

Además, en los meses de lectura iba rescribiendo y agregando cosas que surgí­an de esa reuniones. También al oí­r los parlamentos empieza a ver un sentido musical del decir, que se va adaptando a cada actor sumado a que durante el rodaje hubo algunas improvisaciones. Pasa que cuando los personajes están armados, sólidos y bien construidos puedes entrar en cualquier situación y puedes improvisar, con buenos resultados, casi a partir de nada. Esa era el gran desafí­o que me habí­a propuesto.

¿Cuál es tu ética de rodaje?

Creo que estas epopeyas fí­lmicas que son de mucha pobreza son historias que hay que cargar de amor y afecto por lo tanto, es necesario trabajar como familia y en familia. Yo trabajo con la madre de mis hijos, con mi hijo mayor y con datos biográficos. Además me gusta que me vayan haber mis amigos cuando estoy en rodaje y que exista mucha contención durante la filmación. Por ejemplo, mi hermana estuvo en la escena de la muerte del Caco (Jaime Vadell), mi otro hermano actúa en el Venecia, mi hermana aparece en la casa de putas y los nombres que uso son los de mis hijos. Es importante para mí­ trabajar con amigos o actores a los que conozco muy bien y les tengo cariño, porque eso le da un carácter especial al relato.

Actualmente, ¿a qué director le sigues la pista?

Theo Angelopoulos (1935, Grecia) trato de conseguirme todas sus pelí­culas y las veo siempre. También me interesa el cine coreano emergente y de siempre me ha gustado Michelangelo Antonioni (1912, Italia) que tiene mucho que ver con Angelopoulos son muy hermanables en sus pelí­culas. Por último soy fiel seguidor de Martí­n Scorsese (1942, Estados Unidos), soy un gran fanático de su trabajo.

¿Cómo ves la proyección del cine chileno en los festivales? ¿lo ves como una instancia de desarrollo?

Yo pienso que los festivales son instancias para vender proyectos futuros, para tratar de comercializar tu pelí­cula en otros mercados. En el caso Padre Nuestro, me interesa mucho lo que suceda aquí­; por eso opté presentarla primero en el Sanfic (Santiago Festival Internacional de Cine), después en el Festival de Cine de Valdivia y finalmente estrenar en Santiago, antes de llevarla al extranjero. Mi principal deseo es que la pelí­cula funcione acá en Chile, los Festivales son más que nada premios, regalos pero el esfuerzo está hecho pensando en nuestra realidad. Económicamente, ayuda en cuanto sirve para distribuir la pelí­cula a otros paí­ses, también para que la prensa hable de la cinta y para el ego por ser elegido entre muchas historias.

¿Qué es lo mejor y lo peor de hacer cine en Chile?

Eso ni me lo planteo porque yo soy chileno, vivo en Chile y hago cine acá. Creo que nuestra posibilidad de hacer buen cine está en hacer un cine de mucha verdad y de buenas actuaciones. Un realizador nacional tiene más posibilidades de contar con un buen actor que con un buen efecto especial. Entonces el cine que me planteo es de identidad, de mucho afecto y muy entrañable. Me gusta hacer cine en Chile aunque estoy conciente de que en cada dí­a de rodaje hay que hacer millones de sacrificios, es decir siempre hay que dejar algo de lado por falta de financiamiento o tiempo pero eso le pasa a todos los cineastas del mundo. En definitiva, me parece que el buen dirigir está muy ligado a saber hacer buenas pelí­culas con pocos recursos y de acuerdo a tu realidad. Además no creo que ningún director, por pobre que sea, saldrí­a totalmente satisfecho después de hacer una cinta en Hollywood, ya que uno siempre aspira a más. No es menor contar una historia y además contarla bien; que provoque algo al espectador. Creo que es una siutiquerí­a, sin embargo una tremenda verdad, la frase pí­ntame tu aldea y pintarás el mundo.

¿Te gusta el cine chileno que se está haciendo?

Me encantan los nuevos directores que están saliendo, admiro mucho el trabajo de Sebastián Campos y Matí­as Bize. Creo además que está pasando algo muy interesante ya que está surgiendo el cine de género; hay pelí­culas de terror, urbanas, de jóvenes, hay pelí­culas de cine arte y otras más comerciales. Hay diversificación, historias que apuntan a distintos nichos. Además me parece que los directores jóvenes son muy apasionados, muy esforzados, poco pretenciosos y trabajan muy bien con pocos recursos.

¿Cómo crees que le ha hecho el cine digital al cine chileno?

Encuentro excelente que cualquiera pueda agarrar una cámara y filmar. La tecnologí­a ha democratizado el cine, entonces ahora es el momento de que exista o no talento, que haya oficio o no, que se trabaje con profesionalismo o no. Ya no se trata de quien tiene la cámara más grande ni quien tiene la cámara mejor. El mito que bonita la foto ¿qué cámara tienes?, ya no corre más. Hoy lo que hay que poner es una buena historia, buenos actores, buen montaje y buena dirección.

¿Crees que al cine nacional le faltan buenas historias?

Pienso que los guiones y buenos guionistas vienen acompañados de buenos directores. El trabajo del guión es un trabajo que se hace a medias con la dirección. Hay muchos ejemplos de muy buenos guiones muy mal filmados. A mí­ también me cuesta mucho la escritura, aunque estudié literatura, es un trabajo extenuante ya que se debe trabajar diariamente y estar todo el dí­a pensando en la historia, sin embargo pienso que se pueden hacer buenos trabajos acá en Chile, hay muy buenos talentos lo que falta es un cierto conocimiento de las reglas del cine y por eso necesario hacer colaboraciones entre directores y escritores. Ahora, la clave para mí­ es la honestidad ante el trabajo, que es lo que ha estado faltando en las últimas producciones nacionales, en ellas se nota mucho la costura, las ganas de que vaya mucha gente a verlas y las ganas de usar actores taquilleros para que funcione, eso hace que los guiones pierdan mucha fuerza y valor.

Si tuvieras que elegir: ¿cine o televisión?

Me fascina el cine es a lo que más me gusta, sin embargo, a la televisión le tengo cariño porque es donde aprendí­ el oficio; todas las mañanas me levantaba a grabar diez a quince escenas. También te da capacidad de puesta en escena porque hay que hacer veinte escenas diarias y dirigir a diez actores. Entonces el cine es un momento de reflexión de todo lo que me tocó aprender antes, donde soy realmente feliz.

Ahora la televisión esta generando series nacionales ¿cómo ves el futuro de esa nueva área de desarrollo?

Creo que es un tema que está empezando aparecer, que lo que hemos hecho es muy poco y son cosas aisladas, pero hay muy buenos actores y buen oficio. Lo que ha pasado en los últimos dos años es que las teleseries han tenido una baja y eso permitir que la producción de TV ficción aumente.

¿Tienes otra pelí­cula en carpeta?

Si, pero nunca hablo de los proyectos hasta que no estén andando porque encuentro poco serio hablar de algo que todaví­a está en pañales. Sin embargo quiero acortar, cada vez más, la brecha entre un largo y otro.

¿Crees que en Chile es posible hacer del cine un negocio viable y con continuidad?

Si tuviera un millón de dólares harí­a tres pelí­culas de 300 mil o dos de 500 mil dólares en vez de una, creo que las pelí­culas que podemos hacer, como paí­s chico y pensando que el chileno en promedio va menos de una vez al mes al cine, la única fórmula posible es hacer pelí­culas muy propias, honestas, bellas y baratas.

Boom del cine chileno: ¿Mito o realidad?

No creo que exista un boom del cine chileno, pienso que hay un progresivo avance pero boom no. Es tan chileno eso de hablar de boom, cada vez que una pelí­cula tiene muchos espectadores o cuando se estrenan doce pelí­culas al año. Yo pienso que es una industria que va avanzando, creciendo pero que no hay tal boom y es muy difí­cil que lo haya, puede que se de por algún director. Más que preocuparse del boom creo que hay que concentrarse en la calidad y la permanencia de esa la calidad.

¿Sueño imposible de un cineasta latinoamericano?

Me gustarí­a tener un muy buen presupuesto para filmar la Comedia del Arte de Adolfo Couve, eso serí­a un placer y un sueño hecho realidad. Es el proyecto que siempre he guardado hasta que tenga el dinero suficiente como para hacerlo. Y el segundo es Los Detectives Salvajes de Roberto Bolaño.

El karma del director latinoamericano

La gran encrucijada del cineasta latinoamericano pobre es transformarse en productor y dejar de ser director. Cuando uno empieza hacer esos grandes esfuerzos productivos terminas transformándote en un productor que dirige pelí­culas, y yo prefiero la figura del director que escribe pelí­culas a la del director que produce pelí­culas. Siempre trato de mantenerme lo más alejado del tema de la producción.

Fuente: www.plagio.cl

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